En el caso Petro hemos contabilizado mal sus culpas ni siquiera las hemos tomado en cuenta como preaviso de lo que vendría.
1. La Juventud de la Nación y la Contabilidad de las Culpas
Somos dueños de una nación que tiene 215 años; somos, por lo tanto, propietarios de un país muy joven. Es normal que nos cueste contabilizar las culpas, tanto las nuestras como las ajenas. En el caso de Gustavo Petro, hemos contabilizado mal sus culpas; ni siquiera las hemos tomado en cuenta como un preaviso de lo que vendría.
2. El Aviso Médico vs. la Ceguera Política
Cuando un paciente con dolor de cabeza visita al cardiólogo, este lo ausculta y detecta una presión arterial de 180/120. El médico le advierte de un posible infarto o accidente cerebrovascular. El especialista toma esta presión alta como un aviso y acuerda un tratamiento que incluye investigar las causas y consumir fármacos para normalizarla. Los resultados salvan al paciente de una muerte prematura.
3. El Atraso de la Política y la Justicia
En 215 años, la medicina ha progresado más que la política y la justicia. Estas últimas tienen un atraso de 50 años y no atienden a los avisos. Gustavo Petro ha dado claros indicios: dijo quién moría y quién vivía; confesó haber sido cómplice de la toma del Palacio de Justicia y de la muerte de los magistrados; y manifestó solidaridad con crímenes como los de José Raquel Mercado, Gloria Lara y los tres niños.
4. Ilegitimidad, Negación y Asalto a las Pensiones
Su campaña presidencial, que él niega, recibió dinero del narcotráfico. Este hecho lo califica como un presidente ilegítimo, aunque él no lo acepte. Destruyó el sistema de salud al declarar que las EPS iban a la quiebra y que él no las salvaría. Ahora, realiza esfuerzos ingentes por apoderarse del dinero billonario de los ahorros de los pensionados, afirmando que debe ser manejado por el Estado.
5. La Ideología del Colapso: Fin a los Fósiles, Fin al País
Si habla en público mil veces, mil veces repite su decisión de suspender el uso del petróleo, el gas y el carbón, alegando que son una amenaza para ocho mil millones de personas. Entre exterminar a ocho mil millones de seres humanos desempleados y detener la producción por falta de combustibles fósiles, prefiere descarbonizar la economía, acabar con la población y decirle adiós a la producción. No ofrece alternativa: solo la ley de punto final.
6. Impunidad Total y la Estrategia del Crimen
Estos preavisos, y muchos otros que no caben en esta columna, han sido entregados a cuentagotas por Gustavo Petro. Sin embargo, el preaviso más destacado es el derivado de su programa de Paz Total, que es más bien de Impunidad Total. Desde que asumió el poder, ha pretendido congraciarse con el crimen organizado, dándole todo, mientras que paralelamente le quita todo al pueblo honesto, cumplidor y trabajador. Pareciera que su propósito supremo fuera diezmar a la fuerza pública y potenciar al máximo al crimen.
7. La Defensa del Criminal como Eje de Gobierno
Entre todos los hechos derivados de su estrecha relación con el crimen, hay que destacar la defensa encarnizada que siempre hace del crimen organizado: "ellos no son narcotraficantes, apenas son campesinos humildes"; "el Cartel de los Soles no existe"; "Maduro es un líder político pulcro, honesto y honorable"; "esos muchachos no son narcotraficantes ni miembros del Cartel de los Soles, son apenas jóvenes pobres buscando el dinero para llevar el almuerzo a casa".
8. Negación de la Evidencia Internacional
El gobierno y la justicia de los Estados Unidos investigaron el narcotráfico y el narcoterrorismo en Venezuela. Hallaron el Cartel de los Soles y encontraron a Nicolás Maduro oficiando como jefe supremo del cartel y del grupo el Tren de Aragua. Para Petro, estas son "cuentos chinos" y la existencia de estos grupos es una "ficción y cotilleo de los grupos nazis".
9. La Deuda de Gratitud y el Riesgo de la Verdad
Existen varias razones para que Gustavo Petro defienda con terquedad y vehemencia a Nicolás Maduro, al Cartel de los Soles y al Tren de Aragua. Pero la principal es, sin duda, la deuda de gratitud que tiene con Maduro y los narcotraficantes y narcoterroristas venezolanos. Según Armando Benedetti, de uno de ellos recibió $15.000 millones de pesos como aporte para su campaña presidencial. Petro sabe que, si no defiende a Maduro y a su séquito, ellos contarán la verdad, lo cual significaría su ruina.
10. Errores de un País Joven y la Trazabilidad del Crimen
Como país joven, es normal que sus líderes políticos se equivoquen, sobre todo en asuntos nuevos y sin antecedentes: el caso de Gustavo Petro. Por donde caminó, trastabilló y delinquió, dejó avisos y preavisos de los crímenes que cometería.
11. La Interpretación de los Preavisos
Sin embargo, nadie supo leer e interpretar esos avisos y preavisos:
El suplicio de los magistrados fue el preaviso del robo de la presidencia y del poder judicial.
La violación de los topes financieros fue el aviso de que cambiaría la Constitución para quedarse en el poder.
La destrucción del sistema de salud fue el aviso de que las muertes inocentes no lograrían evitar que se perpetuara en la presidencia.
La Paz Total fue el preaviso de que cambiaría la fuerza pública por el crimen organizado.
El robo de las pensiones fue el aviso de que todo el dinero en efectivo sería tomado por el Estado.
Haberle entregado casi todo el país a los narcoterroristas fue el preaviso de que un día gobernaría con las Farc, el Eln, el Epl, el Clan del Golfo y todos los narcoterroristas.
12. El Gran Total y la Proyección Hemisférica
Sumados todos los avisos y preavisos, llegamos al gran total: las advertencias de que a los tres años y medio en el gobierno no sería el presidente de Colombia, sino el jefe supremo del crimen organizado de toda Latinoamérica. En esta condición, viajó a los Estados Unidos y a la ONU para dedicarse a calumniar, zaherir y vilipendiar al presidente de los Estados Unidos, el señor Donald Trump.
13. La Doble Moral de la Indignación
Hay algo desconcertante en Gustavo Petro: Frente a Donald Trump no existe prudencia ni límites. Lo confronta sin reservas, lo reta sin medir consecuencias y llega a invocar a las fuerzas militares de EE. UU. a la desobediencia en nombre de la dignidad humana y la vida. Cuando se trata de principios, no hay espacio para el cálculo.
Pero qué distinto es cuando la mirada se dirige hacia Caracas. Ahí, donde Nicolás Maduro ha demolido libertades, violado derechos humanos, silenciado a la disidencia y quebrado las reglas mínimas de la democracia, el rasero es otro. Cada palabra, cada acción se mide con la precisión de un relojero suizo, en función de la realpolitik.
Es como si el presidente solo llorara por un ojo: uno abierto para juzgar al adversario conveniente y otro cerrado ante la opresión cercana. Esa selectiva indignación erosiona cualquier discurso de dignidad.
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