con una languidez penosa termina prácticamente la carrera guerrillera política y gubernativa de Gustavo Petro.
Mientras Gustavo Petro incurría en algunos errores conceptuales, millones de patriotas colombianos eran visitados por la chiripa: Petro calculaba que los demócratas seguirían mandando en los Estados Unidos y que Donald Trump iría irremediablemente al cementerio o al ostracismo político; igualmente supuso que Díaz-Canel continuaría gobernando en Cuba y lo mismo Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela.
Respecto a la situación interna en Colombia, concluyó que debía debilitar a la población civil y patriota, a la fuerza pública, al Congreso y a la justicia; a la población civil le destruyó el sistema de salud, le amenazó los ahorros de las pensiones y les puso como gobernantes a los narcoterroristas; a los militares y policías les amaró las manos y sacó a los mejores coroneles y generales; al Congreso le pagó por aprobar sus leyes y por quedar desprestigiado; y a la justicia le metió política y la jodió.
Y le llegó a Gustavo Petro, el tsunami que jamás imaginó: regresó ileso de la maldad demócrata y de la muerte, el presidente Donald Trump. Y al día siguiente envió a su servicio de inteligencia a Caracas y Bogotá. Y lo primero que encontró fue el maridaje existente entre Petro y Maduro: Maduro, fungiendo como jefe del cartel de los soles y jefe supremo del tren de Aragua y Petro oficiando como jefe supremo del crimen organizado en Latinoamérica; y como tal usufructuando el dinero del narcotráfico tanto que llegó a recibir -según Armando Benedetti- 15.000 millones de pesos para su campaña presidencial.
Las autoridades de los Estados Unidos subieron a Nicolás Maduro, al cartel de los soles y al tren de Aragua a la categoría de narcoterroristas y ofrecieron pagar 50 millones de dólares por la cabeza viva o muerta de Nicolás Maduro. Y mientras los aviones y los buques y los misiles de los Estados Unidos apuntan hacia la guarida de Maduro, Gustavo Petro alza más duro la voz para zaherir y vilipendiar al presidente Trump y defender con mayor vehemencia a Maduro, Cabello y Padrino.
Digamos entonces, y para terminar, que Gustavo Petro es víctima de su propio invento: incurrió en varios errores conceptuales, como calcular un gobierno demócrata y perpetuo en los Estados Unidos; un ostracismo largo para el presidente Trump; la sumisión total del crimen organizado; la docilidad de las Farc, Eln, Epl, Clan del Golfo y el narcoterrorismo; la aceptación de sus propuestas de suspender la producción de petróleo, gas y carbón; la abolición de los delitos suprimiendo o añadiendo una letra; y presuponer que el presidente Trump le va a aceptar que el consumo de los Estados Unidos es el culpable del narcoterrorismo.
Y para redondear la faena y suponiendo que el crimen organizado lo considera como su jefe supremo, así como el cartel de los soles considera a Nicolás Maduro como su jefe supremo, Gustavo Petro, viajó a los Estados Unidos vestido como Jesús Santrich y en sus calles y prevalido de megáfono y traductor le pidió a la fuerza pública gringa que no obedeciera las órdenes del presidente Trump y que más bien se uniera al ejército mundial -incluyéndolo a él- que se alistapara defender a Gaza. Y así, con esa languidez penosa, termina prácticamente la carrera guerrillera, política y gubernativa de Gustavo Petro.
En comentarios editoriales y en opiniones de distintos intelectuales se aprecian posturas fuertemente críticas y contundentes hacia la gestión y las acciones del presidente colombiano Gustavo Petro, tanto a nivel nacional como internacional. Estas críticas se centran en varios aspectos clave que han generado debate en la esfera pública:
Críticas a la Gestión Nacional y 'Paz Total'
Las afirmaciones editoriales se alinean con las críticas que diversos sectores, incluida la oposición y analistas, han hecho a la administración de Petro, señalando:
Problemas de Gestión y Gabinete: La crítica sobre el "desangre" por su propia gestión y la "relación rota con su gabinete" se relaciona con la alta rotación de ministros, las dificultades para sacar adelante reformas estructurales en el Congreso (como las pensionales o de salud), y las preocupaciones sobre la implementación de políticas.
"Paz Total" y Seguridad: El cuestionamiento de que la "paz total es más bien la impunidad total" refleja la preocupación por el fortalecimiento de grupos armados ilegales y narcotraficantes que, según críticos, han aprovechado los espacios de diálogo para expandirse territorialmente y consolidar su poder, socavando la perspectiva de una paz duradera. Algunos analistas han calificado la "Paz Total" como una "utopía" o un proyecto con problemas de estructura y resultados limitados.
Controversia Internacional: ONU, EE.UU. y Trump
La parte relativa a la política exterior de Petro y sus declaraciones en la Asamblea General de la ONU se basa en hechos concretos que generaron una fuerte controversia:
Discurso en la ONU: El presidente Petro utilizó el escenario de la ONU para lanzar duras críticas a la política exterior de Estados Unidos, particularmente a la administración de Donald Trump, a quien acusó de ser cómplice de genocidio y de tomar decisiones basadas en una supuesta "superioridad racial". También instó a los soldados estadounidenses a "desobedecer" las órdenes de Trump y a ir a defender al pueblo de Gaza.
Reacción de EE. UU. y Revocación de Visa: Como respuesta a estas "acciones imprudentes e incendiarias", el Departamento de Estado de EE. UU. revocó la visa a Petro, alegando que había instado a la insubordinación militar. Petro, por su parte, restó importancia a la revocación, mencionando que no la necesitaba por ser ciudadano europeo y comparando la situación con su descertificación anterior por parte del gobierno Trump.
Tren de Aragua y Crímen Organizado: En su discurso, Petro también generó controversia al referirse al Tren de Aragua no como un grupo terrorista, sino como "delincuentes comunes agrandados por la estúpida idea de bloquear a Venezuela y quedarse con su petróleo", lo que fue interpretado por opositores como una defensa de criminales o una minimización de la amenaza que representan estas organizaciones. Esto se conecta con la acusación en su texto de convertirlo en el "jefe supremo del crimen organizado", una crítica fuerte y con paralelos a señalamientos hechos a otros líderes, como Nicolás Maduro.
En resumen, la columna articula un juicio político severo que combina críticas a la ineficacia percibida en la gestión interna y la política de seguridad con la polémica generada por las declaraciones de Petro en escenarios internacionales, que han afectado las relaciones diplomáticas con Estados Unidos.
Comentarios
Publicar un comentario