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La manera torpe y guache como Petro maneja las relaciones con el Presidente Trump, contribuye a ensanchar la aversión que en los Estados Unidos le profesan al truhan que desgobierna a Colombia.

 

En 2026, Colombia se prepara para sus próximas elecciones presidenciales, y el panorama político parece complejo y polarizado. La premisa de que los "patriotas" se enfrentarán a los "globalistas" refleja una división que ha ganado fuerza en el debate político colombiano.

 

Por un lado, la idea de los "patriotas" como una fuerza unificada, que ha absorbido a los partidos tradicionales, podría significar una reestructuración de la derecha y el centro-derecha. Esto podría incluir figuras que defienden la soberanía nacional, la seguridad, la empresa privada y los valores conservadores. Si logran presentarse como una opción "remozada" y unida, podrían atraer a un electorado que busca un cambio frente al gobierno actual, pero que no se identifica con la izquierda. La clave para ellos será superar las divisiones internas y presentar una candidata o candidato sólido y carismático.

 

Por otro lado, la coalición "progresista" o "globalista", liderada por el presidente Gustavo Petro, podría enfrentar varios desafíos. La gestión de gobierno ha sido objeto de intensas críticas en diversos frentes, como la economía, la seguridad y las reformas sociales. Si la percepción pública de estos problemas persiste, es posible que la coalición llegue "maltrecha" a las elecciones y con un desgaste significativo. Sin embargo, Petro cuenta con un grupo de votantes leales y las alianzas políticas construidas durante su mandato podrían mantener una base de apoyo considerable.

 

Desde luego, las alianzas políticas construidas durante su mandato están conformadas por una parte importante del crimen organizado: Farc, Eln, Clan del Golfo y otras fuerzas narcoterroristas que ciertamente ponen votos, pero también ponen puntos negros y tachones.

 

La manera torpe, desatinada y guache como Petro ha manejado las relaciones con el Presidente Trump, con algunos Secretarios y con varios Congresistas de los Estados Unidos,  contribuye a ensanchar la antipatía y aversión que esas personalidades profesan por el truhan que desgobierna a Colombia.

 

Analizando estos frentes, se pueden vislumbrar varios escenarios que conformarían la situación política en Colombia en el año 2026:

 

  1. Polarización continua: La contienda electoral podría seguir la misma línea de la elección anterior, con un enfrentamiento directo entre dos bloques ideológicamente opuestos. Esto podría llevar a una campaña agresiva, con discursos que apelen a la emoción y la lealtad, más que a propuestas concretas.

     

  2. Surgimiento de una tercera vía: A pesar de la polarización, siempre existe la posibilidad de que un candidato de centro, que no se identifique con ninguno de los dos bloques principales, gane tracción. Este candidato podría apelar a los votantes indecisos o a aquellos que están cansados de la confrontación política constante. Sin embargo, la historia reciente de Colombia demuestra que consolidar una "tercera vía" es un desafío considerable.

     

  3. Fragmentación de los "patriotas": Si bien la premisa sugiere que los partidos tradicionales han sido "subsumidos", es posible que surjan divisiones internas y que no logren presentar un frente unido. Esto podría dispersar el voto de la derecha y el centro-derecha, facilitando el camino para el candidato "progresista".

     

  4. Reconfiguración de los "progresistas": La coalición de Petro podría sufrir fracturas si las reformas y políticas no tienen el éxito esperado. Esto podría generar una reconfiguración de la izquierda, con nuevas figuras o movimientos que busquen un rumbo diferente al de la actual administración.

     

En resumen, la situación política para las elecciones de 2026 en Colombia parece impredecible. El éxito de cada facción dependerá de su capacidad para unirse, presentar propuestas convincentes, y movilizar a sus votantes en un contexto de alta polarización y descontento con el statu quo. La percepción del desempeño del gobierno actual será un factor determinante, y el desenlace podría ser un reflejo del balance entre el deseo de continuidad y el anhelo de cambio en la sociedad colombiana.

 

Por otra parte, nunca fue tan útil que la cúpula del Gobierno de Colombia interactuara rutinariamente con los Gobiernos patriotas del mundo occidental e incluso con los Gobiernos de Rusia, China, India y Unión Europea. Los abogados del Presidente Uribe, el mismo Presidente Uribe y los senadores y representantes del Centro Democrático no le prestaron atención a las relaciones con el Presidente Trump -víctima de la misma fuerza globalista- y esa omisión produjo el error fatal de una jueza comunista.

 

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