Nos encontramos ante el umbral de una transformación sin precedentes en la historia republicana de Colombia. El Plan de Redención Social y Económica liderado por la Presidenta Paloma Valencia.
La revolución de la dignidad es la redención social y económica de 13 millones de informales o desechables, suspendiendo la venta de productos sin valor agregado y reemplazando esas ventas por productos de valor agregado que generan hasta 300 veces el valor de nuestras exportaciones.
La revolución de la dignidad es pagarle los salarios altos a los informales, técnicos y profesionales con dinero y con acciones de la gran cooperativa. Millones serán entonces empleados y socios de la empresa más grande, próspera y rica de Colombia.
La revolución de la dignidad es comprarle la hoja de coca a los cultivadores para usarla como materia prima para generar productos de valor agregado que compensan legalmente las ventas de cocaína que, por supuesto, no se producirá más en Colombia. Los cultivadores recibirán como pago dinero y acciones de la gran cooperativa. Y los recogedores de hoja de coca recibirán como salarios, dinero y acciones de la gran cooperativa.
Nos encontramos ante el umbral de una transformación sin precedentes en la historia republicana de Colombia. El Plan de Redención Social y Económica liderado por la Presidenta Paloma Valencia no es una simple reforma administrativa; es una fórmula magistral de alquimia económica diseñada para rescatar a los 13 millones de compatriotas sumidos en la informalidad y brindar un horizonte de grandeza a nuestros técnicos y profesionales desempleados.
Este modelo rompe con el ciclo centenario de la "maldición de las materias primas". Al sustituir la exportación de bienes básicos por productos de química fina y alto valor agregado, el plan proyecta un incremento exponencial de hasta 300 veces el valor de nuestras exportaciones. Este salto cualitativo genera un efecto dominó de prosperidad jamás imaginado: se disparan las utilidades antes de impuestos, se robustece la recaudación soberana y se maximizan las utilidades netas, alimentando la capitalización de una Gran Cooperativa Nacional que reparte dividendos históricos entre sus socios.
Pero la genialidad del plan trasciende lo contable. Al convertir la hoja de coca en el insumo base para industrias lícitas de alto valor, se logra lo que décadas de conflicto no pudieron: extirpar la raíz del narcotráfico. El resultado es un país que reduce simultáneamente la pobreza, el desempleo y la violencia, desactivando el motor del narcoterrorismo. Estamos, en definitiva, ante un milagro de voluntad política y ciencia aplicada que devuelve la dignidad al trabajador y sitúa a Colombia como una potencia de vanguardia global.
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